Mostrando entradas con la etiqueta Woody Allen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Woody Allen. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de marzo de 2007

Secuestro

Una vez, va y me secuestran. Estaba parado delante de la escuela cuando de pronto llega un coche negro, bajan dos tipos y me preguntan si quiero ir con ellos a un país donde todo son hadas y duendes y podré tener todos los tebeos que quiera, y bombones de chocolate, y golosinas, ya saben. Y yo les dije que sí. Entonces subí al coche con ellos, porque pensé, qué diablos, este fin de semana tampoco tengo nada que hacer.

Así que se me llevan y envían a mis padres una nota de rescate. Pero resulta que mi padre tiene malos hábitos de lectura, y aquella noche se acostó con la nota de rescate y se quedó dormido antes de terminarla. Entretanto, me llevan a Nueva Jersey maniatado y amordazado. Cuando mis padres comprenden por fin que estoy secuestrado, pasan a la acción de inmediato: alquilan mi habitación.

La nota de rescate dice que mi padre debe dejar mil dólares dentro de un árbol hueco en Nueva Jersey. Reunir los mil dólares no le costó nada, pero al cargar el árbol hueco hasta Nueva Jersey se hernió. (...)

El FBI rodea la casa. "Soltad al chico -exigen-, dadnos las pistolas y salid con las manos en alto." Los secuestradores contestan: "Soltaremos al chico, pero dejad que nos quedemos las pistolas y que subamos al coche." El FBI dice: "Soltad al chico y subid al coche, pero dadnos las pistolas." Los secuestradores insisten: "Soltaremos al chico, pero dejadnos quedar con las pistolas, no necesitamos el coche." El FBI contesta: "Quedaos con el chico.. ." Esperen un momento, creo que aquí he metido la pata. El FBI decide utilizar gases lacrimógenos. Pero no tienen gases lacrimógenos, de manera que varios de los agentes empiezan a interpretar la escena de la muerte de Camille. Con los ojos arrasados de lágrimas, mis secuestradores se rinden. Los condenan a quince años de trabajos forzados, pero doce de ellos se fugan, unidos por una larga cadena sujeta a los tobillos, haciéndose pasar por una gigantesca pulsera de amuletos.

Woody Allen

martes, 20 de marzo de 2007

Reminiscencias: paisajes y figuras (II)

Nueva Orleans: Una orquestina de jazz toca himno tristes bajo la lluvia, mientras un difunto recibe sepultura. Luego atacan una briosa marcha, para indicar el desfile de vuelta a la ciudad. A mitad de camino, alguien se da cuenta de que se han equivocado de muerto. Es más, ni siquiera era un pariente. La persona que enterraron no estaba muerta, y menos enferma; en honor a la verdad entonaba canciones tirolesas. Vuelven de nuevo al cementerio y exhuman al infeliz, que les amenaza con ponerles un pleito, pero le prometen pagarle la factura si lleva el traje a limpiar a la tintorería. Mientras tanto, la cuestión radica en que nadie sabe quién está muerto realmente. La banda continúa tocando, al tiempo que los espectadores son sepultados uno a uno, siguiendo la teoría de que más vale difunto en mano que ciento volando. No tarda en descubrirse por fin que nadie ha muerto, y ya resulta demasiado tarde para conseguir un cadáver de verdad, porque es puente.

Estamos en Mardi Gras. Hay comida criolla por todas partes. Y cientos de personas disfrazadas atestan las calles. A un señor vestido de camarón lo echan en una olla hirviente de sopa. Protesta con energía, pero nadie se cree que no es un crustáceo. Finalmente, cuando enseña el permiso de conducir, le sueltan.

Beauregard Square está plagada de curiosos. Antaño Marie Laveau hacía aquí practicas de vudú. Hogaño, un viejo haitiano 'brujo' vende muñecos y amuletos. Un policía le ordena que se largue, y estalla una disputa. Cuando los ánimos se calman, el policía ha quedado reducido a diez centímetros de estatura. Furioso, pretende detener a alguien, pero su voz se ha hecho tan aguda que nadie le entiende. Un gato cruza entonces la calle, y el policía tiene que correr para salvar la vida.

Perfiles, Woody Allen.

lunes, 19 de marzo de 2007

Reminiscencias: paisajes y figuras (I)

Brooklyn: Calles de tres direcciones. El puente. Iglesias y cementerios por todas partes. Y confiterías. Un niño pequeño ayuda a un anciano de luenga barba a cruzar la calle y le desea:
-Feliz sábado.
El viejo sonríe y vacía su pipa sobre la cabeza del chiquillo. Y el infeliz corre llorando a su casa.. Un calor y una humedad sofocantes invaden el municipio. La gente saca sillas plegables a la calle después de la cena, para sentarse y charlar. Pero de repente cae una intensa nevada. El desconcierto es general. Un vendedor hace su recorrido habitual calle abajo ofreciendo pretzels calientes. Unos perros le acometen y tiene que trepar a un árbol. Desgraciadamente para él, en la copa otros perros le esperan.
-¡Benny!¡Benny!
Una madre está llamando a su hijo. Benny cuenta dieciséis años, pero tiene ya antecedentes penales. A los ventiséis, le mandarán a la silla eléctrica. A los treinta y seis le ahorcarán. A los cincuenta será propietario de la tintorería donde trabaja. Su madre sirve ahora el desayuno, y como la familia es demasiado pobre para comprar bollos recién hechos, unta de mermelada el News.

Sheepshead Bay: Un pescador de piel curtida ríe feliz mientras recoge sus redes. Un cangrejo gigante le agarra la nariz con sus tenazas. El hombre deja de reir. Sus amigos tiran de él por un lado, mientras los amigos del cangrejo tiran por el otro. Es inútil. Anochece. La porfía sigue.

Perfiles, Woody Allen.

domingo, 11 de marzo de 2007

Manhattan

De Manhattan, de Woody Allen... Una de las escenas más típicas, únicas y recurrentes de la historia del cine es aquella en la que Isaac y Mary hablan, sentados en un banco, dándonos la espalda, en plena noche...

Mary: ¿No te parece hermoso?

Isaac: Sí, es tan bonito cuando aparecen las primeras luces

Mary: Lo sé, me encanta

Isaac: Es una ciudad fantástica, no me importa lo que opine la otra gente. Es algo especial, sabes.